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Tesoros ocultos de San Agustín

Busca convertirse en museo al igual que otros recintos religiosos

 

Por Omar Amorós
@carlomar

Detrás de bolsas de plástico y entre soportes de madera se descubren una serie de tesoros religiosos que incluyen esculturas, pinturas, muebles, joyas y demás artefactos que nos llevan a entender un poco más el poder de las órdenes religiosas en el Perú.

La historia de los Agustinos en el Perú se remonta a 1548 con la llegada al Callao del Padre Agustín de la Santísima Trinidad, quien vino con la misión de preparar el terreno a los futuros 12 evangelizadores de la orden que llegaron en 1551. Es recién en el año 1574 en que se empieza a construirse el Convento de Nuestra Señora de la Gracia,  actualmente conocido como Convento de San de Agustín.

El actual guardián del centro religioso es el sacerdote Edilberto Flores, una especie de doctor -como su patrono- que cura las heridas de los tesoros perdidos del templo. El religioso es de aquellos personajes que te encandilan desde el momento en que uno lo ve, su sabiduría no solamente viene de Dios por ser hombre de fe, sino también de la experiencia ganada a lo largo de todos los años que se encuentra a cargo de la remodelación del recinto religioso.

El recorrido empieza en la habitación que sirve de salón de recepciones para misa de difuntos o matrimonios cuyas celebraciones eucarísticas se llevan a cabo en el interior del templo principal, que fue totalmente reconstruido con una bella sencillez, debido a que se dañó seriamente producto de los terremotos que se produjeron en Lima a lo largo de los años. Esta sencillez dista mucho de la fachada  estilo barroco churrigueresco que se puede apreciar hasta hoy.

El claustro del convento se encuentra adornado con una serie de cuadros sobre la vida de San Agustín. Son 38 lienzos en total en orden cronológico, que empiezan con el árbol genealógico de San Agustín y termina con su santificación y veneración, los cuales fueron restaurados hace 12 años con el apoyo del Banco de Crédito, siendo el autor de las pinturas el cusqueño Basilio Pacheco, quien en el cuadro 36 se pintó y puso su nombre. El patio principal del claustro está constituido de elegantes arcadas, en cuyo centro se puede apreciar la pila de bronce con su cascada.

La sacristía llama la atención por su magnitud y se encuentra en pleno proceso de pintado. El Padre Flores indica que en estos momentos  todo el convento está en remodelación porque se le quiere convertir en museo al igual que el de San Francisco y Santo Domingo. El espacio se encuentra  llena de cajonerías: consta de 36 hornacinas con tallas de santos agustinos. Aquí se encuentra, según el sacerdote, el cuadro más grande de Lima tiene: 10 metros de largo por 5 de alto y representa a todas las órdenes religiosas y militares que tienen La Regla de San Agustín. El cuadro ya ha sido restaurado en su totalidad con ayuda de la embajada española.

La actual iglesia es la mitad de lo que fue la antigua. Efectivamente, hay una parte en el recorrido, del cual pasamos del bello claustro colonial a una zona derruida por los terremotos y el paso del tiempo. Allí, yace un cementerio en donde se enterraban a los religiosos, además de ser el lugar de descanso de la primera familia en recibir a los agustinos en el Perú, Bernardino de Texeda y esposa, antepasados de Javier Pérez de Cuéllar. También aquí se pueden apreciar las ruinas de lo que fue el altar mayor de los primeros años de la Orden Agustina en el Perú.

La antesacristía es considerada una joya de arte por poseer un techo con decorados estilo mudéjar, el único que se conoce en el Perú, pero lamentablemente está muy deteriorado y por eso se encuentra apuntalado y solo se puede apreciar pequeños pedazos. Alrededor de la habitación también podemos notar bellas paredes y zócalos revestidos de azulejos sevillanos. Los trabajos de remodelación están siendo financiados por la misma orden religiosa a través de los recursos que recaudan de sus colegios a nivel nacional.

Con esta escena termino este histórico recorrido por uno de los conventos más ricos de nuestra ciudad que se encuentra a la espera de ser reconocido tanto por instituciones, empresas y ciudadanía como complejo religioso y museo, recibiendo la importancia debida dentro de nuestra herencia religiosa, histórica y cultural.

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