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VICTOR RAÚL: “NO INTERESA LO QUE HAGA UNA PERSONA EN LIMA. SOMOS ANÓNIMOS”

Victor Raúl Mendoza lee desde los seis años de edad. Han pasado 57 años desde que puso un libro en sus manos y empezó una aventura casi quijotesca.

 Por Silvana De los Heros
@sdelosheros

Víctor Raúl Mendoza y los anónimos. on PhotoPeach

Su historia trasciende más allá de un lector de generaciones pasadas. Víctor Raúl o ‘Lito’ como lo llaman sus amigos más cercanos es un derrochador de sapiencia, ex ‘hippie’, negociante y aún seguidor de uno de los partidos políticos más antiguos del Perú. El APRA.

Perteneciente a la generación de los ‘baby boomers’ y de la super inflación en el Perú, nace y crece Víctor Raúl Mendoza Ferrer. Su nombre hace alusión al que luego sería su maestro y mentor, el fundador de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), Víctor Raúl Haya de la Torre. De familia aprista, el en ese entonces joven ‘Lito’ se entregó enteramente a la lectura.

“Es que ustedes no han crecido en la generación lectora”, critica mientras prende uno de los tantos y tantos cigarrillos que fuma diariamente y que han hecho de su blanco bigote una gran mancha de nicotina en el centro.

Se burla de la ‘tecnología’ al ver la grabadora y dice que él no necesita esa herramienta. Y ciertamente es así: todo un mar de información en una lúcida mente.

‘Lito’ quiso ser militar. “Cuando yo fui a decirle a mi padre qué quería estudiar… se puso a llorar”, comenta con una voz que suena como lija y que es testigo de su desbandada juventud setentera. Lo que él no sabía es que su padre había sido aprisionado en una de las tantas cárceles en la época en que Manuel Odría asaltó el partido aprista peruano. “Exiliados, muertos, desparecidos”.

Siguiendo sus deseos se aventuró fuera del Perú. “Los jóvenes no han entendido nunca que a los 18 años todos queremos arreglar el mundo”, comenta. Su padre le negó ser militar y eligió ser ‘hippie’. Cogió su mochila, su pasaporte (regalo de su padre), un sleeping bag y mil dólares.

“Te espero en un año para hablar de tus estudios, me dijo mi padre. Me demoré ocho años en regresar”. Expira una bocanada de humo y tose.

De momentos se pierde en la conversación. Se burla un poco de mi ignorancia al tratar de debatirlo. Se queja de que no hay gente preparada políticamente para poder debatir y despotrica de nuevos movimientos políticos que coquetean con el Senderismo. Esa es otra historia. “Ellos tienen que probar que tienen la razón y nosotros también tenemos que probarlo y eso lo juzga la juventud, pero con qué criterio”.

Un antiguo amigo suyo lo acompaña. Se ríen. Victor Raúl se declara aprista hasta la muerte. “Los comunistas nos dicen derechistas y los derechistas nos dicen comunistas”. Profesa su rechazo total al comunismo afirmando que los únicos que ganan son los del politburó. “La camarilla de arriba”. Reflexiona.

“Solamente los que leen en forma panorámica podrán entender lo que ocurre y podrán ponerse de acuerdo con cualquiera para encontrar soluciones comunes”,  comenta preocupado, como queriendo librar esa lucha contra la ignorancia. Victor Raúl fue Director del Sistema Nacional de Bibliotecas y ahora tiene un puesto de libros en Jr. Camaná. “Yo los vendo, pero si no tienes plata te los cambio y de ahí me lo regresas”.

Esa labor tan noble hace un contraste en su vida cuando comenta luego que ha sido millonario tres veces. ¿Cómo? Pregunto. “Hijita, nunca le preguntes a un hombre que tuvo plata como la hizo. Hay un amigo viejo que decía: ‘Nunca olvides, hermano, que detrás de toda gran fortuna siempre existe el estigma del delito’ ”. Se delata de forma amena.

Cambiamos ideas sobre un orden social y que Europa y que materialismo dialéctico y… los 25 países en donde estuvo. Cuenta que siempre fue un alma libre, tuvo siete esposas y ocho hijos; la mayoría están alrededor del mundo pues fueron fruto del desconocimiento de los preservativos en la época. “¿Tú crees que debo perder el tiempo?” sonríe. Uno de sus hijos, otro Víctor Raúl, nos mira y se desplaza por el pasadizo. Él vende antigüedades. Su pareja actual, ‘la negra’ como la llama, vende libros y discos de cumbia de los 70tas en su mayoría en el stand siguiente. Todo queda en familia. “Los negocios, son negocios”, concluye.

Antes de despedirnos nos regala un CD producido por su amigo, aquel viejo que se encontraba a su lado escuchando toda la conversación. Nos dice “escúchenlo, está bueno”. En la portada aparecen dos chicas en bikini y dice ‘Las mejores cumbias del 2012’.

“Antes de que se vayan, les diré algo. En el año 2012 todos hemos pasado a ser anónimos. No interesa lo que haga una persona en Lima ya no significa nada. Somos anónimos. Recuérdenlo”, sentencia. Visítalo.

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